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lunes, 19 de abril de 2021
Reiniciando el vuelo
Hace más de un año que no escribo en mi blog. Podría decirse que la pandemia me desubicó, como a una mayoría. Imposible la concentración y la inspiración en cuanto me enfrentaba a esta página en blanco. Pero quienes leen lo que voy escribiendo por estos mundos virtuales, me dieron un tirón de orejas, a través de mensajes o encuentros reales. No muchos estos últimos, dadas las circunstancias. "Nos tienes abandonados". Y yo, pensando que, ciertamente, si hay alguien esperando por las historias que voy hilando, mererece la pena continuar. Aunque con otro nombre y otra piel, que cantaría Alejandro Sanz.Me gustó lo del título genérico de Cuerria, cuya definición es "Cercado pequeño y circular , de piedra seca, de un metro de alto , donde se echan las castañas recién cogidas para que se acaben de mardurar y puedan separarse más fácilmente", porque algo de esa definición tuvieron los últimos acontecimientos que nos hicieron protegernos en un cercado. Asimismo de evocarme el término un lugar entrañable, de recuerdos superpuestos; un sitio con aroma a bosque, a vientos cálidos de otoño y a rayos nuevos de primavera.
Porque, después de 13 meses viviendo unas circunstancias imprevistas y extraordinarias, ya nada es lo mismo, aunque todo siga igual. Si cada abril ninguna flor es similar, ninguna llovia moja de igual forma ni ninguna golondrina es la de ayer, imaginaos el vuelco tras estar encerrados en "la cuerria" de nuestras cuatro paredes, de nuestros municipios, de nuestra comunidad autónoma, de nuestro país...un privilegio si lo comparamos con quienes han sufrido el mazazo directo o colateral de la Covid-19. Quien más y quien menos, todos conocemos a algún ser humano cercano que nos ha contado, que nos ha llorado, que nos ha explicado... su vivencia directa con el virus.
Todos hemos aprendido a leer las miradas con más atención, ante las medidas de protección facial, somos expertos en los más variopintos poliedros de la pandemia, y nunca supimos tanto de clases de vacunas y efectos secundarios, junto con un nuevo vocabulario que aprendimos a golpe de tozudas estadísticas. Ya pocos ignoran la importancia de la responsabilidad personal para atajar esta lacra que ha trastocado nuestros planes de un día para otro y, como en cualquier trauma colectivo, no ha hecho más solidarios y nos ha aprendido a valorar aquello que teníamos; ya sean amistades, familia, trabajo o alas para volar por otros mundos lejanos. También se dice que, en algunas personas, afloraron los peores sentimientos, esos relacionados con el egoísmo y la falta de empatía. Vamos a pensar que solo es una minoría. Totalmente de acuerdo con las palabras de Juan Fueyo en La Voz de Asturias: "La ignorancia pone en peligro la vida propia y la de los demás".
Esta mañana solo un saludo desde lo que será este nuevo punto de encuentro, una "cuerria" virtual que hará de refugio, como esa construcción rural asturiana, en la que las palabras pretenderán mantener sanas y frescas las informaciones que por aquí vayan desfilando. A veces, en forma de recuerdos, otras en forma de presentes y, la mayoría, en forma de cuento, porque la vida de todos no deja de ser una narración extraordinaria, a poco que levantemos la piedra o escarbemos en el nido; un refugio del que hemos estado deseando salir, pero del que también da algo de miedo volar otra vez, por aquello de la protectora zona de confort. ¡Mucha salud y ánimo para todos!, que la vida es eso "...continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo... desplegar las alas y retomar los cielos..."
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Y que no falte el vino y la birra fría.
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