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miércoles, 21 de abril de 2021
Carta para Bárbara
A ella no le estorba nunca nadie. Y eso que, a veces, hay muchos ruidos, chillidos de niños, inofensivas pintadas de tizas en sus escaleras, preguntas tipo ¿por qué tiene el gato amarrado?, ¿son suyas esas gallinas? ¿le podemos fotografiar con esos zapatos ? (madreñes) etc... y demás cuestiones que se incrementan en fin de semana
"Ofiéndeme munchu que me saquen fotos o se arrime a la puerta del corral toa la familia pero, probetones, a lo mejor esos nenos nunca vieren de cerca una gallina. También nosotros vamos a otros llaos a ver tierres nueves", me dice. Entiende que eso da vida, aunque rompa su tranquilidad en la aldea de Sobrescobio, donde nació hace 90 otoños.
-Señora, ¿podemos poner el coche a la sombra junto a su puerta?, le preguntan muchas veces.
- ¡Sí home, sí!, vamos a tar más apretados en utru llau, les suele contestar.
Cuando vivía mi padre, que también utilizaba mucho ese dicho, se sentaban ratos más largos en el banquín de la plaza y charlaban con los vecinos y visitantes. Mi madre, Bárbara, sigue siendo conversadora, aunque ya se refugia menos veces en ese sitio, por aquello de la nostalgia. También porque oye peor y, orgullosa en su estilo, dice que no soporta tener que preguntar dos veces.
- ¡Cómo atonta la sordera y con esti bozal que tién que traer ahora la xente, tovía más!, se lamenta.
Aunque de tonta no tiene nada, os lo puedo asegurar.
Tal vez por su sencillez, porque era agradable su conversación, porque preguntaban sin ánimo de cotillear, porque eran auténticos... El caso es que se paraban con ellos buenos ratos conocidos y desconocidos; incluso personas de las altas esferas, que iban a hacer turismo, y que para ellos -a los que no impresionaba el dinero ni la fama-, eran simplemente "xente agradable". Para los que no lo eran tanto, también tenían buen ojo.
"Hoy anduvo por aquí el de los payasos de la tele. Díxoi to padre que taba desconocíu", me contaron mis progenitores una vez en referencia a Emilio Aragón. El actor, director, empresario y entroncado con una familia asturiana conocidísima, casi que agradeció no ser reconocido, acostumbrado como está a las muestras de alabanza. Por citar a algún personaje público de los que transitaron por su banquín.
Esta introducción para contar que el cartero, Richard, le ha traído a Bárbara una carta escrita a mano.. Tal vez de algunas de esas personas con las que entama conversación o con las que ha tenido un buen gesto.
A mí me emocionó la misiva. ¿Quién recibe hoy en día una carta manuscrita que no sea de algún Banco u organismo oficial?.
Además, ni siquiera pusieron sus apellidos. Dieron por hecho que le llegaría igualmente, porque no habría otra como ella. Están en lo cierto.
Por lo demás, cuando alguien quiere hablarte, no necesita excusas, por mucho que no tengas redes sociales. Siempre quedará una carta.
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